3 de diciembre de 2011

Un mundo flotante: Jacques Henri Lartigue

Jacques Henri Lartigue
"Ser fotógrafo es atrapar tu propio asombro". Mucho se dice de Lartigue, el fotógrafo de la felicidad que lo llaman. El niño que murió siendo hombre, que amaba la pintura y que habló de ella como su gran pasión y murió sintiéndose un simple aficionado de la fotografía, a la que veía como un hobby, un placer secundario. Sin embargo, desde que su padre le regaló su famosa Block-Notes con 8 años no dejó de fotografiar cada instante de su vida. Siempre desde la inocencia, la sencillez, la ligereza. Se dedicó a fotografiar todo aquello que le conmovía, que le hacía feliz, que le parecía bello. A capturar la fragilidad de la existencia, la brevedad de la felicidad, todo ello con el fin de de atraparla para siempre, de guardarla eternamente pues, como él mismo se lamentaba, su mente nunca le fue suficiente: "desde niño padezco una serie de enfermedad: todas las cosas que me maravillan se escapan sin que pueda guardarlas lo suficiente en la memoria". Una manera de escapar del mundo cambiante, de eludir el continuo paso del tiempo. Prefirió vivir al margen de todas las corrientes artísticas de su época y de los años convulsos que le rodearon. Años de guerras, de revoluciones y de continuos cambios sociales. Una época llena de sufrimiento y angustia que Lartigue mantuvo alejada de sus creaciones. Prefirió dedicar su vida a capturar aquellas cosas que despertaban en su interior la auténtica felicidad: sus vacaciones, la belleza femenina, la moda, el deporte y la velocidad. Jacques Henri Lartigue pertenecía a una familia adinerada que formaba, por entonces, parte de la burguesía francesa. Esta posición no solo le permitió optar a las nuevas tecnologías, sino también a la posibilidad de mostrar un mundo y una vida de una época que ya ni existe ni existirá.

A pesar de su talento y de las obras de arte que fue capaz a crear, de los momentos que fue capaz a capturar (entre ellos los primeros ensayos de aeroplanos, siendo sus fotografías el único documento gráfico que se guarda de aquel momento histórico para la humanidad), sus imágenes no se expusieron a los ojos del mundo hasta el año 1963, año en el que fotógrafos de la talla de Cartier-Bresson o Brassaï las proclamaron como las creaciones precursoras de sus fotografías. Dicha muestra en el MOMA le daría a conocer en su tierra y le llevaría a que, en 1974, el entonces presidente francés Giscard d'Estaing, le pediría al mismo Lartigue que se encargara personalmente de su retrato oficial. Este acto terminaría derivando en una gran amistad que llevó al artista a donar todo su legado al mismo Estado francés. Un mundo flotante. Fotografías de Jacques Henri Lartigue (1894-1986), ha sido la última puesta en escena de su obra. Esta exposición reune más de doscientas piezas procedentes de la Donation Jacques Henri Lartigue de París, entre ellas copias modernas y fotografías reveladas por el mismo Lartigue, algunas de ellas incluso con la famosa técnica estereoscópica, así como textos escritos de su puño y letra durante toda su vida. Se trata de una iniciativa puesta en marcha por La Caixa y comisariada por Florian Rodari y la directora de la Donation Jacques Henri Lartigue, Martine d'Astier de la Vigerie. Dicha exposición se mostró en ciudades como Palma, Barcelona y Madrid y estuvo abierta al público de forma gratuita durante los primeros meses de este mismo año y los últimos del pasado 2010. Una pena no haber ido, una suerte para quien tuvo el privilegio de poder asistir.



La salida del circuito de Picardía 1907

La salida del circuito de Picardía 1907

Primer vuelo logrado por mi hermano Zissou, 1910

Amigas de mi madre, Étretat, 1910

Campesina de Auvernia, 1910

Avenue des Acacias, París, 1911

De paseo por el Bois de Boulogne, París, 1911

En las carreras, París, 1911

Accidente más frecuente y fastidioso, 1911
Mi prima Simone y Charles Sabouret en la pista de patinaje, Saint-Moritz, 1913

Retrato de mi padre mientras conduce, 1913
Bibi durante nuestro viaje de novios, 1919

Bibi y Nana en mi automóvil Amílcar, Hendaya, 1927

Renée, París, 1931

El fotógrafo Richad Avedon en su estudio, Nueva York, 1972


Via El mundo, Naturpixel y Mapa de Vida.

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