28 de noviembre de 2011

Henri Cartier-Bresson: El momento decisivo

Henri Cartier-Bresson

Henri Cartier-Bresson nació en Chanteloup, Francia, en el año 1908. Estudió pintura y literatura en Cambridge, y no fue hasta 1931 cuando comenzaría su carrera como fotógrafo. En un primer instante se sentía muy atraído por las fotografías de carácter deportivo que por los años 30 solían publicarse en revistas alemanas y francesas. Es considerado como el padre el fotorreportaje y, junto a Robert Capa, fue también el cofundador de la agencia Magnum Photos. Realizó fotografías en gran parte de los rincones del mundo y fue el primer fotógrafo en exponer su trabajo en el museo del Louvre, en París. Era considerado un artista, un profesional con una capacidad única para captar las imágenes en el momento idóneo, capaz de aunar forma, contenido y expresión para representar la importancia del tema de la fotografía. A esta forma tan suya la denominó “el momento decisivo”, texto que comentaremos más adelante. Publicó numerosos libros hasta el final de su carrera como fotógrafo para volver durante sus últimos años de vida a aquello que tanto le apasionó, la pintura. Cabe destacar el publicado en los años 50 titulado “images de la sauvette”. El 4 de agosto de 2004 fallece a la edad de 95 años y tras una vida que bien vale por dos.

"No hay nada en el mundo que no tenga un momento decisivo". Esta es quizás la frase que mejor describe su obra, su forma de pensar y de sentir la fotografía. Su pasión por la pintura desde pequeño y lal legada del cine terminaría despertando en Cartier-Bresson el amor y la dedicación al arte de la fotografía que tanto le caracterizaba, el momento en el que empezó a mirar mejor a través de la cámara, una Brownie y, como él mismo nos explica en su obra, su pequeño mundo se amplió. Fue poco a poco, con el paso del tiempo y de otros periodistas en los que mirarse, cuando terminaría adentrándose más y más en el mundo de la fotografía. Adquirió entonces su maravillosa Leica, aquella que tanto le sorprendía y le fascinaba. Fue recorriendo países con su cámara, recogiendo instantes que, como él afirma, ya no vuelven a suceder, y es que eso es la fotografía, el único medio que fija un instante preciso, momentos que desaparecen, situaciones que, cuando suceden, es imposible revivirlas.


En este pedazo de su libro encontramos sus secretos para un buen reportaje, y es que para él “fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje” para representar un suceso, de esta forma conseguimos que la imagen hable por sí misma, nos desvele su memoria y nos cuente su historia. Nos comenta que la gran virtud de un fotógrafo es la de hacerse olvidar, la de parecer inexistente, volverse transparente a los ojos de lo que quieres captar con tu cámara, solo así será natural, solo así será verdaderamente real, sin trampas ni trucos, pues como él mismo nos cuenta, una mala palabra, un mal gesto te puede cerrar muchas puertas, por tanto, “no hay mejor sistema como el de hacerse olvidar y hacer olvidar la cámara”. Quizás fue por esta idea por la que llegó a cubrir de negro las partes niqueladas de su cámara. También nos habla sobre la imposibilidad, en ocasiones, de lograr mostrar en una única foto toda una historia, de ahí la importancia del reportaje, pues nos aporta la capacidad de expresarla en distintas imágenes. A pesar del conocimiento que supone y del mérito de realizar una buena fotografía, Cartier-Bresson asume que el desarrollo de la misma está ligado también a los descubrimientos técnicos, pero eso, afirma “no me importa”, para él los auténticos profesionales de la fotografía son los verdaderos “artistas que damos a las revistas ilustradas su materia prima”, de lo que ellos son capaces de conseguir mediante su objetivo.

Algunas de sus imágenes:

Alberto Giacometti, Paris, France, 1932

Francia. El departamento de Hyeres, 1932

París, Plaza de Europa, Estación de tren de San Lázaro, 1932


Sevilla, España, 1933

Madrid, España, 1933

Livorno, Italia, 1933

Valencia, España, 1933

Barrio Chibarce, Barcelona, 1933

Alicante, España, 1933

USA, Nueva York, Downtwn, 1947

Roma, Italia, 1951

Academico, Paris, Francia, 1953

Atenas, Grecia, 1953

Berkshire, Ascot, Reino Unido, 1953

Calle Mouffetard, París, Francia 1954

Moscú, URSS, 1954

Palacio Real, París, Francia, 1959

Roma, Italia, 1959

USA, Nueva York, 1959

Estambul, Turquía, 1964

Ciudad de México, México, 1964

Rudnik, Serbia, Yugoslavia, 1965

Palermo, Italia, 1971

Leningrado, URSS, 1973

Estas son, como hemos dicho, solo algunas de sus imágenes pues, aunque nos gustaría ponerlas todas, el trabajo de Henri Cartier-Bresson en el mundo de la fotografía es demasiado amplio. Ni si quiera puedo decir que he elegido entre todas, las mejores, pues lo primero es que ni si quiera creo que las hayamos visto todas y lo segundo es que no sabríamos decir cual de todas es mejor, nos parecen, todas y cada una, tremendas joyas de la fotografía... Auténticas obras de arte.

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