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| Walter Astrada |
El
pasado 29 de septiembre de este mismo año, tuvo lugar en el Centro Cultural Las Claras, como motivo de las Jornadas
de la Asociación de Informadores Gráficos, una conferencia ofrecida por uno de
los grandes profesionales del fotoperiodismo actual: el argentino Walter Astrada. Allí, Astrada presentó a todos aquellos que se acercaron tanto su
trabajo, galardonado con el World Press Photo en 2010, como otros varios
reportajes en los que ha trabajado y está trabajando actualmente.
Astrada
comenzó la conferencia mostrando alguno de sus trabajos en lugares como
Madagascar, Haití o Kenia. Países donde la actividad conflictiva en estos últimos
años ha ido a más. La guerra, las desigualdades sociales, la lucha de los
pueblos contra los gobernantes, en general todos aquellos temas que afecten a
la sociedad en la que vivimos son objeto de fotorreportaje para Astrada, puesto
que el objetivo de su trabajo, como el mismo dejó claro, es agitar las
conciencias y que las personas reaccionen ante el poder que les oprime, y mostrar
al resto del mundo la realidad que viven esas personas cada día. Es por esto
por lo que no se considera un reportero encargado de cubrir la noticia en zonas
de conflicto, sino que su trabajo va dedicado a mostrar las situaciones
sociales que el mundo no ve porque los telediarios no las muestran.
Tras
esto, dio paso a la ronda de preguntas en la que dejó detalles y frases
bastante interesantes. La primera de ellas fue la respuesta al qué sentía al
fotografiar esos sucesos, al tener que apuntar con su objetivo a una niña
malherida en el suelo, a lo que el joven fotoperiodista respondió que sobre
todo sentía “impotencia, enfado, y más aún cuando al día siguiente las imágenes
no aparecen publicadas”. Cuando le preguntaron si la gente se asustaba de algún
modo al verles con la cámara el mismo afirmó que “dejando trabajar al
fotoperiodista, la gente se da cuenta de que ese puede ser un modo de enseñar
al mundo lo que está sucediendo”. Astrada comentó aquí que él siempre procura
acercarse todo lo que puede a la escena tratando de infiltrarse entre los
protagonistas de lo ocurrido. Según él, ¡si intentas fotografiar desde lejos lo
único que consigues es que te puedan confundir como un enemigo al que de verdad
solo le interesa la instantánea o que incluso llevas un arma, sin embargo,
estando tan cerca de la escena, ven que llevas una cámara, ven que no eres un
enemigo sino que solo intentas enseñar al mundo por lo que están pasando para
hacer que eso cambie, es una forma de pasar más desapercibido, cuando más cerca
estás menos te ven”. Es por este detalle por lo que en gran parte de sus
fotografías predomina el gran angular.
Pero
si algo me gustaría destacar es la respuesta que dio a sobre cómo se costeaba
sus propios proyectos, pues es un claro reflejo de la crisis que atraviesa esa
profesión y todo el periodismo, de personas que, para hacer una labor tan
importante como abrir los ojos al mundo, tienen que costearse de sus propios
ahorros, o de las pobres becas que reciben de instituciones, sus trabajos, sus
viajes, sus recursos y su material. Tras esto Astrada nos mostró su último
trabajo, que trata sobre el maltrato y el desprecio de la mujer en otros países
y culturas del mundo, mostrando fotografías de Guatemala, República Democrática
del Congo o la India. Todas ellas instantáneas cargadas de sentimiento, un arte
que a más de uno nos puso los pelos de punta en la sala e hizo que se nos
empañasen las retinas con alguna que otra imagen. Personalmente, desde mi
desconocimiento fotográfico, un profesional magnífico.
Para
terminar Astrada hizo un pequeño inciso sobre el hecho de que para nada se
trata de un trabajo al que hay que abalanzarse de golpe, sin saber lo que te
puedes encontrar, sino que hay que estar bien informado, tener ciertos
contactos que puedan guiarte por un país y una cultura que desconoces
(asociaciones, políticos, etc.) y, por supuesto, tener un conocimiento de
inglés lo suficientemente bueno para poder defenderte con soltura en todos los
lugares del mundo. Además, para concluir, nos mostró el manual ético de todo
profesional de la comunicación y el fotoperiodismo que estoy seguro que muchos
desconocíamos de su existencia en el que nos enseñó algo tan básico como la
esencia total de esa profesión, el de no mostrar jamás una realidad creada por
la mente del fotoperiodista, sino una realidad transparente, una imagen pura,
un hecho sin retoques, un instante recogido a través del objetivo de la cámara
tal y como sucede, sin más.

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